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Testimonio de un papá sobre el uso de la bomba de insulina Imprimir Correo electrónico
De Mitch Lerner. Thank you Mitch :)

"No puedo imaginar manejar la diabetes de mis hijos sin una bomba. Tengo un hijo de 3 años de edad, Max, y una de 8 años, Julia, ambos con diabetes tipo 1. Ambos usan una bomba casi desde su diagnóstico. De hecho, Max comenzó a la edad de 1 año.

El uso de la bomba nos ha ofrecido una gran ventaja en los números. La ventaja más obvia ha sido el mejor control de sus glicemias. Cada estudio que he leído, sugiere que eso es lo que ocurre y nosotros somos la prueba de ello. Por ejemplo, las primeras hemoglobinas glicosiladas de Julia fueron: 6.9, 6.8, 6.5, 6.8. Después de cambiarnos a la bomba: 6.5, 6.4, 6.1, 5.9, 6.5, 6.2., 6.3. Así es que si no hubiera ninguna otra razón para usarla, con esta bastaría, pues provee de un mejor control para los niños.

Pero sí hay más razones, esto es sólo una pequeña parte de eso. Para ellos la bomba es muy beneficiosa también. Nosotros somos una familia increíblemente activa, y la bomba les permite la libertad de hacer lo que quieran. Comen cuando realmente quieren comer y lo que quieran comer. Podemos salir a comer afuera sin problemas, si ocurre que pasamos por una heladería pueden comer los helados que más les gustan. La pizza siempre fue un tremendo problema antes de la bomba, pues la lenta absorción de carbohidratos significaba 2 ó 3 inyecciones extras de ultra rápida durante la noche para prevenir las subidas de glicemia. Ahora, solo programamos la bomba para ajustar la salida de insulina y cubrirla de la forma que sabemos la pizza actúa en ellos. Los niños van a los cumpleaños y comen lo que quieren. O también pueden durante un día no comer y no tenemos que preocuparnos de nada. Es francamente increíble. Me rompía el corazón decirle a Julia que si alguien llevaba algo rico especial al colegio, ella no podía comerlo. Ahora ella llama por su teléfono celular, nos cuenta qué cosa es y puede comer lo que ella quiera y cuanto quiera.

Mientras tanto, con todas estas características positivas, no encuentro una negativa realmente. La bomba no interfiere con las actividades de los niños: Julia practica karate 2 veces por semana y pertenece a un equipo de natación en el que practica también 2 veces por semana y usa su bomba en estas actividades. Es lo suficientemente pequeña para caber en uno de esos bolsillitos de celular, así es que aún si estuvieran conscientes de que andan con la bomba, lo que no es así, porque ni la notan, realmente no les molestaría usarla. Los sitios de inserción se les echan a perder una vez a las mil quinientas, pero cambiarlos es mucho menos traumático que inyectarles de insulina, así es que ni siquiera pensamos dos veces en ello.

La bomba ha sido especialmente beneficiosa para Max. Un niño de 1 año de edad con diabetes, al menos en nuestro caso, fue tremendamente demandante. No puedo decirle simplemente "toma tu jugo" como lo hago con Julia. No puedo contar con que comerá en ningún horario, pues a veces se come un bagel en 5 minutos y en otros le toma 2 horas. Un día come como un caballo, al siguiente puede no comer casi nada. Y por supuesto, nunca pude explicarle por qué teníamos que lastimarlo dándole 4 inyecciones diarias. Era realmente devastador verlo llorar cada vez que nos veía con las jeringas. Ahora, nada de esto es un problema. Max recibe una cantidad muy chiquita de basal durante las 24 horas del día y los bolos de insulina necesarios para cada comida.

Además, no olvidemos la tremenda diferencia que es para nosotros. La vida es mucho más fácil. Los niños andan de mejor humor. Las glicemias nocturnas son mucho más estables y predecibles, dormimos mejor. Podemos dejarlos con una babysitter, sabiendo que si hay algún problema con sus glicemias podemos corregirlas por teléfono. En el colegio de Julia están mucho más felices, sabiendo que ya no tienen que inyectarla.

Cuando, cualquiera de ellos se enferma (lo que parece ocurrir cada 3 minutos), es mucho más fácil. Todo parece ser mejor. Realmente, absolutamente todo.

Yo estoy en la junta de directores de la JDRF en mi Estado y estoy como bastante involucrado con los niños con diabetes de acá, y mi experiencia es que de cientos de niños que he conocido que se cambian de inyecciones a una bomba de insulina, todos permanecen con ella, salvo dos. Y todos tienen las mismas buenas experiencias que nosotros. Usar una bomba no es una cura, por supuesto, pero hay momentos en que parece que quienes usan bomba combatieran una enfermedad más amigable y llevadera que aquellos que no.

Creo que me he extendido demasiado. Siento lo largo del mensaje, pero sólo déjenme decir una cosa más. Si el gobierno de Estados Unidos prohibiera las bombas de insulina, nosotros nos mudaríamos.

Un afectuoso saludo,

Mitch Lerner

Papa de Julia y Max, ambos tipo 1

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